Los Precursores

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El oro del Siglo de Oro es su alma, un alma recién nacida del pensamiento y de la cultura cristiana. No basta decir que este período que en realidad comienza en los Reyes Católicos y todavía en el siglo XVII proyecta sus postreros resplandores está todo impregnado de ideal religioso. La verdad es que aparece como un don de Cristo a España: tan estrecha es aquí la conjunción de la fe y el genio.

El advenimiento del Siglo de Oro lo preparó y lo facilitó la cultura. Ya en el siglo x había escuelas en España. Después se fundaron universidades. La de Coimbra, a cargo de los agustinos, data de Alfonso VI de Castilla. Alfonso VIII funda en Palencia una universidad dirigida por el obispo don Tello Téllez de Meneses, héroe de Las Navas de Tolosa. Poco después, Alfonso IX de León y San Fernando crean e impulsan la universidad de Salamanca.

En el corazón del reino leonés, las casas, las iglesias y los palacios de Salamanca de un bello color dorado parecen engarzados sobre tres colinas como las cuentas amarillentas de un rosario. Abajo corre el Tormes. Tantos recuerdos históricos duermen en Salamanca fue una de las residencias de Aníbal, que se la ha llamado la «pequeña Roma». Pero a su universidad le debe el título de «Madre de las virtudes, de las ciencias y de las artes», título que conservó durante varios siglos.

Y es que, en efecto, fue con París, Oxford y Bolonia una de las capitales espirituales del mundo. Cristóbal Colón acudió a ella, en busca de consejos científicos, antes de embarcar para el Nuevo Mundo. En el siglo XVI, la universidad de Salamanca reunía más de siete mil estudiantes. Allí se enseñaban todas las ciencias ¡hasta el sistema de Copérnico, rechazado en otras facultades por herético!. Pero la universidad salmantina fue perdiendo poco a poco su esplendor.

Y actualmente no ocupa más que el octavo lugar entre las universidades españolas. Todavía se puede ver en la vieja aula de teología sagrada la silla desde donde enseñaba Fray Luis de León, y colgado en la pared de una de las galerías, el diploma de doctor honoris causa de Santa Teresa de Ávila.

Además de las universidades de Salamanca, Palencia y Alcalá de Henares, entre los siglos XIII y XVI se fundaron otras varias de segundo orden: en Valladolid, Sevilla, Compostela, Granada y Zaragoza, a la vez que se fueron creando ricas bibliotecas. ¡Maestros y libros! Lo necesario para formar la gran familia de humanistas españoles.

Quiere decirse que, mucho antes de acabar la Edad Media, ya está dotada España de una fuerte armazón universitaria. Sus reyes favorecieron la importación de libros y de la imprenta, todavía. en sus albores. La lengua española comienza a adquirir sus títulos de nobleza. Durante este fecundo período que va desde finales de la Edad Media hasta el alba de los tiempos modernos, España se instruye y se concentra. Unos cuantos precursores se adelantan al pensamiento del Siglo de Oro.

Alonso de Cartagena, latinista y helenista, es obispo de Burgos. Alonso Tostado, obispo de Avila, asombra a sus contemporáneos por su prodigiosa erudición y por su fabulosa facultad como autor. Juan de Segovia se distingue en el concilio de Basilea donde defiende, contra un dominico, el que había de ser dogma de la Inmaculada Concepción y refuta el Corán.

Fernando de Córdoba, médico y teólogo, sostiene controversias hasta en la Sorbona. Alfonso Martínez de Toledo, arcipreste de Talavera, escribe una Vida de San Isidoro. Hay que reconocer que la mayoría de estos piadosos varones carecen de genio, que sus trabajos son más loables que originales y deben menos al pensamiento personal que a la simple compilación. Pero son los precursores de los grandes clérigos del siglo XVI.