Los pies en tierra

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El bailaor que cae al suelo simboliza también el español que vuelve a la realidad. Tiene aún la cabeza llena de quijotescos desvaríos lanzas cruzadas, amores platónicos, proezas, pero los pies, asentados en tierra. El español de mediados del siglo xx tiene el cerebro bien templado y la mirada lúcida. No se le pueden hacer más reproches. Han transcurrido casi treinta años desde que en junio de 1945 la Conferencia de San Francisco declaraba que el régimen de Franco no se ajustaba a la Carta de las Naciones Unidas.

Franco aún sigue en el poder, España se ha abierto ampliamente al exterior, pero el español, aunque mejor enterado de sus problemas y de los del mundo, está atenazado por su problemas tradicionales, los de su mera existencia: comer y ser. Continúan preocupando al español el aspecto económico, religioso, social, nacional y político de su vida. Terminada la guerra civil, y particularmente a partir de estos últimos años, se vive mejor en España, en cuanto a este quíntuple planteamiento. Si bien es cierto que ninguno de estos problemas se ha resuelto por completo, evolucionan plenamente.

La economía mejora y desemboca en Europa. La sociedad se analiza y se reagrupa. El ideario político se ensancha a dimensiones europeas. La religión se renueva y adapta. La política cambia.