Los Conquistadores de Dios

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CARLOS V abriga el sueño de crear en España «la monarquía del mundo». Después de él, Felipe II ese minucioso tenedor de libros hace inventario de sus reinos.

Las carabelas españolas, cargadas de oro y de especias, costean las islas. Caribes. En casi todos los mares del globo flotan al viento los pendones de Castilla. Van los Habsburgos a conquistar el mundo?

Al mismo tiempo surge una raza de aventureros que llevarán su ambición más lejos aún y construirán un mundo de dimensiones ilimitadas. Mientras se edifica el prodigioso imperio español, los místicos levantan y ensanchan un imperio interior que sobrevivirá al otro.

Aquí, el hecho espiritual va más unido que nunca al hecho histórico. 1515… Va a subir al trono de España Carlos de Gante y nace en Ávila Teresa de Cepeda. 1542… López de Villalobos da al archipiélago malayo el nombre de Felipe II las Filipinas y nace en Fontiveros Juan de la Cruz. 1567…

Los flamencos se rebelan contra sus dueños españoles y Teresa conoce a Juan de la Cruz en Medina del Campo. 1571… Batalla de Lepanto y «bodas espirituales de Teresa con Dios. 1582… Derrota de la Armada Invencible y priorato de Juan de la Cruz en Segovia. 1591… Apogeo político de España y muerte de Juan de la Cruz. La verdad es que los contemporáneos del Siglo de Oro «la opinión pública» de la España de los Habsburgos se preocupaban muy poco de la revolución carmelita.

La rebelión y la literatura de aquellos oscuros frailes les apasionaban mucho menos que las hazañas de don Juan de Austria. Mas, para el historiador sincero que ambiciona resucitar el siglo XVI español, el hecho espiritual va ligado al hecho político. Los capitanes, los conquistadores y los hombres públicos estaban impregnados, a veces sin saberlo ellos, del mismo misticismo que inspiraba al Greco.

Los actos, los hechos, las aventuras y los ademanes heroicos de los actores del Siglo de Oro permanecen oscuros mientras no se proyecta sobre ellos el reflector del éxtasis místico.

La Aventura Mistica

«Que muero porque no muero»

«Y no parezca naide en la montina»

Ascesis, yoga y psiconeurosis

Los «Alumbrados»