El Solitario del Pardo

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Pero en la historia de los pueblos como en la memoria de los hombres, los muertos pasan pronto. Mientras José Antonio y García Lorca van entrando poco a poco en la leyenda cada uno en la suya, hasta que se confundan, un héroe, éste bien vivo, se destaca en la fría luz de la actualidad. Es el generalísimo Franco, jefe del Estado español. Nació a orillas del Atlántico, en El Ferrol. Es, pues, gallego.

Su padre era oficial de marina y todos sus ascendientes fueron hombres de mar. También él iba a seguir esta carrera, pero en el momento de presentarse a la escuela naval se entera de que se han suprimido los exámenes. Entonces entra en el Alcázar de Toledo. Al salir de la escuela militar es destinado a Marruecos, organiza la Legión extranjera de España el Tercio, donde conquista sus galones.

General de brigada a los treinta y cuatro años durante algún tiempo le llaman «el general más joven del mundo», estudia con gran empeño y con inteligencia excepcional los problemas norteafricanos. Es además soldado de ejemplar bravura y son famosas sus proezas contra Abd el Krim. Su rápido ascenso se debe a su valor y a sus brillantes acciones al frente de sus tropas. Su expediente militar está limpio de toda recomendación política.

Cuando, en 1931, cae la Monarquía, se adhiere a la República, sin entusiasmo, pero con corrección. Es de esos oficiales de carrera que tienen un concepto estricto de su deber y declara que «no hacen política» y sirven al gobierno cualquiera que sea. Gil Robles le nombra jefe del Estado Mayor. Franco comienza entonces a interesarse por el porvenir de España y a seguir de cerca el curso de los acontecimientos, hasta el momento en que el Frente Popular, desconfiando de sus ideas, le manda a Canarias.

Franco es un hombre bajo y corpulento, siempre muy atildado. La cabeza, redonda, muy despejada de cabello, nariz aguileña, está encajada en un cuello grueso. Ojos en forma de almendra y mirada muy negra y dulce casi triste. Las sonrisas bajo el bigote gris son raras y furtivas. Su salud es muy buena, lleva una vida regular, come poco, no bebe, no fuma y, aunque hace una vida sedentaria, dedica su escaso tiempo libre al paseo, la caza, la pesca en alta mar y a su violín de Ingres: la pintura. En suma, un hombre sano y perfectamente equilibrado. Tal es el personaje humano. En cuanto al personaje político, se manifestó desde el comienzo de las operaciones militares. El futuro jefe de Estado había asomado muy pronto bajo el hombre de guerra.