Catedral y Mezquita

0
31

He aquí la respuesta de Fernando III a su primo San Luis su madre era hermana de Blanca de Castilla, que le acuciaba a que le acompañara a Tierra Santa: «No faltan aquí infieles.» Con esto quería el rey de Castilla manifestar su voluntad de hacer su propia cruzada en su propio país. Acaso pensaba que no hay cruzada bien cumplida mientras no se ha conquistado también el amor.

De todos los reyes católicos, Fernando fue el único que, sin dejar de asestarles terribles golpes, supo ganarse a los musulmanes, así como a los judíos. ¡Qué sorpresa encontrar en esa Edad Media española, tan sumergida en sangre y fuego, el dulce rostro de la caridad! Pero este beso de paz del príncipe cristiano a los emires de Andalucía no habría sido posible si no lo hubieran precedido las victorias militares.

Enrique I, hijo de Alfonso VIII, el vencedor de Las Navas, era un niño cuando heredó el trono de Castilla. Asumió la regencia su hermana mayor, la prudente doña Berenguela. Al morir el rey niño, la infanta reunió a las Cortes y les comunicó su decisión de renunciar a la corona a favor de Fernando, el hijo que había tenido de Alfonso IX, rey de León. Este joven príncipe fue proclamado rey de Castilla el año 1217, en Valladolid.

Pero Alfonso IX, que codiciaba la corona, no se avino a tal proclamación. Alentado por un puñado de partidarios, el leonés levantó un ejército. Cuando se disponía a emprender la campaña contra su hijo, prudentes caballeros y prelados de su corte le hicieron entrar en razón. Un conflicto militar entre Castilla y León no beneficiaría más que a los enemigos de España. Así se evitó que el reinado de Fernando se iniciara con una guerra fratricida.

Los dos reyes no se reconciliaron nunca francamente. Pero se aliaron contra los moros. Y mientras el rey de León ponía sitio a Cáceres y conquistaba Mérida y Badajoz, Fernando invadía Andalucía y tomaba Baeza y Andújar. Pero hasta que murió Alfonso IX en el camino de Compostela, cuando iba a dar gracias a Santiago por sus victorias no dio Fernando toda su medida; fue entonces cuando llevó la guerra hasta el mismo corazón de Andalucía: Córdoba.

Previa una minuciosa preparación que duró cuatro años, Fernando pasó el puerto de Muradal, avanzó hacia el Guadalquivir y, después de un cerco de varios meses, en 1236, reconquistó Córdoba, perdido ya su antiguo esplendor. Izó su pendón en el alcázar y enarboló la cruz en lo más alto de la Gran Mezquita de Abd al-Rahman.

Se hallaron las campanas de Santiago de Compostela que el terrible. Almanzor había hecho llevar a los prisioneros cristianos desde Galicia a Córdoba. En represalia, Fernando dispuso que volvieran, a hombros musulmanes, al santuario del Apóstol.

Después de Córdoba, Jaén y Murcia. El castellano pone sitio a Granada. Mas se contenta con que el emir, Mahomet Alhamar, le rinda pleito homenaje. Alentado por estos triunfos, Fernando decide atacar a Sevilla, capital de los almohades. La empresa es audaz. Pero el rey de Castilla ha reunido un gran ejército. Aragón, Navarra, Cataluña y el reino musulmán de Granada le envían soldados.

En 1248, esta formidable coalición vence la resistencia mora, al cabo de quince meses de encarnizados combates. Fernando entra en Sevilla a la cabeza de sus tropas, precedido de un numeroso clero. Lo primero que hace es ir a oír misa a la mezquita mayor, convertida en templo cristiano.

Cien mil musulmanes hombres, mujeres y niños cruzan la procesión huyendo a África. El poderío almohade sufre aquí el golpe decisivo.

Dueño de Sevilla, no le queda a Fernando más que completar la conquista de Andalucía. Ocupa Cádiz y Jerez y llega al mar. Como ya no quedan enemigos que combatir en la Península ha concertado la paz con el rey de Granada, el rey castellano decide perseguir a los musulmanes en la misma África. Equipa una flota en las costas de Vizcaya. Cuando se va a hacer a la mar, muere Fernando.

El Emperador de las tres Religiones

La Catedral de Piedra

Nacimiento de la Ojiva

La Catedral de sapiencia continua la Mezquita del saber

Domingo de Guzmán, Campeador contra Herejías